En tiempos de crisis como los que nos toca vivir actualmente, a las
personas les toca reinventarse en el ámbito laboral. Cada vez más,
surgen nuevos emprendedores, pero, seamos claros.: no todo el mundo vale
para ser emprendedor, y es peor el remedio que la enfermedad.
No basta con tener una gran idea. Existen 2 tipos de emprendedores: los que son por vocación o por necesidad.
Lastimosamente de los primeros hay pocos. No hemos tenido la
oportunidad de tener una educación que nos de la oportunidad de
prepararnos para adquirir esas competencias que todos entendemos que son
necesarias para ser emprendedor.
Pero hay excepciones. Seguramente todos conozcamos a alguien en
nuestro círculo de amistades, que podríamos decir que son emprendedores
por vocación. Se les conoce por su capacidad de tener ideas a la hora de
hacer cosas, suelen mostrar gran retórica a la hora de hablar, suelen
atraer a las personas por su manera de hablar en definitiva.
Como digo, existen algunos, pocos, y hay que “llevarles en bandeja”.
¡¡¡Pero cuidado!!! No es suficiente tener buenas ideas, y tener
capacidad de saber transmitirlas. Suele pasar en este tipo de personas
que hacen muchas cosas a la vez, y pocas veces son capaces de concretar.
No se plantean objetivos específicos por los cuales trabajar, objetivos
a lograr, uno por uno. Al final lo que hacen (algunos) es intentar
muchas cosas y no lograr ninguna. No se saben planificar el tiempo, al
fin y al cabo, y este es uno de los grandes problemas que tienen los
emprendedores de este tipo.
El otro tipo de emprendedores sería, como decía al principio del
artículo, los que lo son por necesidad. El momento económico en el que
vivimos, hace que surjan personas que se han quedado en el paro, o que
están “mal” en las empresas donde trabajan y se plantean empezar “el
camino” del emprendedor.
Suelen ser personas, que siempre habían tenido una idea, un sueño a
realizar pero por “miedo” o porque se refugiaban en su “zona de
confort”, no la habían llevado a la práctica. Ahora es el momento, se
plantean estas personas.
Desde mi experiencia como psicólogo organizacional, coach y formador
de emprendedores, me encuentro, con personas de este perfil, que dedican
su tiempo en perfeccionar la idea, el producto, en ver “lo bonito” que
les ha quedado la página web, el logo de la futura empresa…, y se
olvidan que hay que realizar un segundo paso muy importante. El producto
se ha de vender. Causa “pánico” vender. Quizás porque existen muchos
prejuicios al escuchar la palabra “comercial”. Todos conocemos o hemos
visto muchos comerciales que se caracterizan por su exceso verborreico,
pero que tienen en términos de PNL, poco rapport, sincronización o
calibración con el cliente. Al fin y al cabo, a la hora de vender solo
se trata de tener humildad, amabilidad, autenticidad, creatividad, deseo
de aprender, empatia, entusiasmo, gratitud, honradez, humanidad, humor,
lealtad, proactividad, respeto, saber escuchar, saber rectificar,
sinceridad…
Por último, otro punto muy importante a tener en cuenta, a parte de
la planificación del tiempo, liderazgo personal, trabajo en equipo, auto
motivación…, y en el que no estamos muy preparados los emprendedores es
la gestión emocional. Como diría un buen amigo mío: “Hay momentos en
que lo verás todo negro. Lo importante, lo más importante, es no tomar
decisiones en ese instante”.